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El campeón del embalse de Ullíbarri
Cuando a Ángel Escalada se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta conseguirlo. El año pasado, al cumplir los 75, se planteó un reto personal, cruzar el tramo del embalse de Ullíbarri Gamboa que separa el Club Náutico de Vitoria de la isla de Zuaza. Para ponérselo más difícil, se propuso cubrir el recorrido cuatro veces, dos de ida y dos de vuelta (4.000 metros en total), y de espaldas.
Sus años no le suponían impedimento alguno. Su mentalidad le dice que para el deseo no hay edad. Además, tampoco se trata de un desconocedor del medio. Pasó trece años de su juventud nadando en el Judizmendi, en las distancias más cortas y no las de fondo, hasta 1960. Por eso, que su reto coincidiera con el 75 aniversario del club del Estadio se ha convertido en un homenaje a su manera.
Tampoco tuvo ningún problema en convencer al Club Náutico de Vitoria para que pusiera a su disposición todo lo necesario para llevar a cabo el reto. A partir de ahí comenzó su preparación. Durante el último año no ha sido difícil encontrarlo en las piscinas del Estadio pasando horas y horas metido en el agua, nadando miles y miles de metros, sobre todo en las últimas semanas, con la intención de llegar en la mejor forma posible al día señalado.
En plena forma
Y vaya si lo consiguió. Ángel Escalada llegó ayer al embalse pletórico y lleno de confianza. Hasta allí se acercaron también todos sus familiares y amigos, deseosos de apoyarle en una aventura que empezó a las 10.25 horas embutido en un traje de neopreno negro. Cualquier precaución era buena para evitar complicaciones con los 20 grados de temperatura que tienen las aguas de Ullíbarri Gamboa en esta época del año.
Saltó al agua y comenzó su reto con normalidad. Había previsto que tardaría dos horas en completar el tramo y decidió no exprimirse excesivamente en el inicio, aunque pronto cogió un ritmo óptimo para avanzar con comodidad. Acompañado por una zodiac, llegó rápidamente a la isla de los conejos. Entonces apareció el sol, que, como explicó el propio Escalada al finalizar, le impedía ver cuál era el camino más corto para llegar al otro lado. Por eso necesitó que sus acompañantes le guiaran. «Tampoco ha sido un gran problema, aunque es cierto que por culpa de esos vaivenes haya podido aumentar la distancia hasta los 4.200 metros».
Pero no sólo el sol le puso las cosas más difíciles. Al contrario de lo que sucede con el agua de la piscina, la corriente hizo que el oleaje aumentara. Un problema que le provocó algunos tragones de agua. Insuficientes, sin embargo, para frenar su determinación de hierro. «Las olas me pasaban por encima y no podía respirar con la misma regularidad que en una piscina. Pero tampoco es para quejarse».
Con tranquilidad
Mientras tanto, en el club náutico no se notaba ningún tipo de tensión. La familia, prismáticos en mano, controlaba la evolución del reto con plena confianza. Y no se equivocaba. El nadador llegó al embarcadero y hasta que sus acompañantes no le dijeron que se detuviera continuó nadando. Por eso, alguno llegó a pedir que lo ataran al muelle para que no se escapara hasta el mar. Ángel Escalada salió del agua como nuevo, entre el caluroso aplauso de los presentes y el abrazo de sus sobrinos y nietos. Encima, en un tiempo récord, diez minutos menos de lo previsto. Cuando le preguntaron si estaba cansado su respuesta fue rotunda: «Para nada». Un fenómeno.
Articulo publicado en el diario El Correo el 26 de Julio de 2010
